GENERAL ROCA | UNA MUJER CONTÓ UNA HORRIBLE EXPERIENCIA QUE LE TOCO VIVIR EN UN CENTRO DE SALUD

Sociedad 09 de marzo de 2022 Por Ultimo Momento Noticias
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"Hola, mi nombre es Melina González, tengo 20 años y hoy 8 de marzo de 2022 me siento con la necesidad de compartirles el calvario que viví durante la última semana de mi embarazo, por falta de responsabilidad y ética de algunos profesionales que trabajan en un importante centro de salud de la ciudad de General Roca, precisamente en el área de tocoginecología.

Todo lo que transité dejó marcas a nivel psíquico y emocional y fue un proceso traumático que nunca voy a olvidar, que dejó secuelas de angustia tanto en mí, como en mis vínculos cercanos.
Hago esto con la intención de visibilizar públicamente la violencia, el destrato y maltrato que recibí esta última semana, por parte de algunos de estos “profesionales” de la salud , que tampoco debemos olvidar, son personas. Como mujer, me sentí despreciada, desvalorizada, decepcionada y, sobre todo, triste. Lo que voy a contar a continuación nada tiene que ver con “escrachar” a nadie, pero quiero dar a conocer todo lo que transité y escribo esto a modo de generar consciencia de algo que ocurre cotidianamente , pero es invisibilizado, normalizado y finalmente olvidado. La violencia obstétrica y el maltrato en salud existe y muchas mujeres lo padecen, sino preguntale a tu mamá como su parto, o si conoce a alguien que recibió este tipo de maltratos.

Todo esto inició en la semana 20 de gestación, me levanté a hacer pis y ahí noté un sangrado, me asusté, fui a la guardia del centro de salud donde me dijeron que era todo normal, y que no tenía que preocuparme, ya que estaba todo bien y el sangrado simplemente era causado porque se me estaba acomodando la placenta y mi cuerpo. 

Los días pasaban y yo continuaba con pérdidas, a lo que llamaron en la guardia: manchados de sangre. Continué yendo, por miedo y preocupación por mi bebé, alrededor de cinco veces más, todas las veces me dijeron lo mismo y me mandaron a la casa, tildándome de exagerada. 

Cuando empiezo a transitar la semana 24 de gestación, comienzo a notar mucho flujo de tonalidad marrón y mi panza se comenzó a poner muy dura, y cada vez que me sentaba y me paraba comenzaban los dolores. Decidí acudir nuevamente a la guardia, donde me recetaron progesterona y óvulos, me dijeron que no exagere, que todo estaba bien y todo era producto de la inflamación del útero, que se resolvería con la medicación.
Transitando la semana 25 de mi embarazo, todavía con los mismos síntomas, el viernes comienzo a tener dolores muy fuertes, casi insoportables; no me podía parar, ni siquiera podía dormir. 

Decido acudir a la guardia al día siguiente, sin dormir. El sábado me atiende el doctor E.N, quien me da una inyección para calmar mis dolores y me indica que continúe con la medicación, diciéndome que estaba todo normal, y que eso se me iba a pasar, Vuelvo a mi casa, tomo la medicación (progesterona), la inyección que me puso nunca me calmó el dolor. Comencé a experimentar dolores totalmente insoportables. Intentaba tranquilizarme, pensar positivamente por el bien de mi bebé y confiar en lo que me dijo el profesional. Ahí pude dormitar 15 minutos. Cuando me levanto a hacer pis, noto que me sale un líquido de la vagina (en ese entonces pensé que era flujo). Me preocupé mucho, pero intenté calmarme ya que el doctor me aseguró que todo iba a estar bien con la medicación. 

Los dolores comenzaron a agravarse, y no me quedó otra que buscar información en internet y darme cuenta que esos dolores parecían ser contracciones. Soporté esos dolores todo el día, todo el sábado. Estaba confiada en la medicación y lo que me había dicho el profesional. Sin embargo, esos dolores continuaron, lloraba del dolor. No sabía que hacer. No quería ir al centro de salud porque sabía que nuevamente me iban a tildar de exagerada y me iban a decir que estaba todo bien y sólo tenía que tomar la medicación, como todas las anteriores veces.

Pero el dolor se volvió insoportable y no pude aguantar, fui de urgencia al lugar, llorando, gritando del dolor. Me atendió el mismo doctor, el cual se dirigía a mi con un trato desmedido de cariño que me ponía incómoda, me decía cosas como “preciosa, hermosa, princesa”, lo vi, me miró frustrado y me dijo que ya había ido por la mañana y que me había dicho que estaba todo bien. Me preguntó si me tomé la medicación, y le dije que sí pero que no podía más del dolor, me dijo que tenía que esperar a que me haga efecto y que me vaya. Le supliqué llorando que haga algo porque el dolor era insoportable. Le tuve que explicar que lo estaba teniendo eran contracciones (EXPLICAR A UN MÉDICO PROFESIONAL).

El Doctor me indicó que me recueste en la camilla, de mala gana. Cuando me revisa me dice “no mamita, rompiste bolsa, te vamos a dejar internada”, me hace una ecografía y me informa que el bebé no tiene nada de líquido, que por qué no fui cuando rompí bolsa. Asumiendo que toda la culpa era mía. Me hace quedarme en una habitación, en un primer momento acompañada por mi pareja, a quien inmediatamente le pidieron que se retire. Me pincharon los brazos para ponerme suero SEIS VECES porque no encontraban la vena, mientras las enfermeras en la misma habitación bromeaban entre risas diciéndole a mi pareja “vas a aprender a pinchar ahora”, de tantas veces que me habían pinchado. Como si nada, como si yo no estuviera ahí muriendo del dolor y la tristeza. 

Tiempo después, me quedé totalmente sola en la habitación del centro, sin saber que hacer, no sabía que pasaba, ni lo que me esperaba luego, nadie me daba ninguna información, no sabía si mi familia estaba enterada de mi situación, no sabía que iba a pasarme. 

Las contracciones se volvían cada vez más fuertes y yo gritaba del dolor. A todo esto, las enfermeras vinieron a CALMARME y cerrarme la puerta porque había otros bebés que podían despertarse. Ya tenía la boca seca de tanto gritar, me sentía muy deshidratada, nadie se acercó a preguntarme como estaba, a asistirme o a darme al menos un vaso de agua, yo estaba destrozada. Horas sufriendo de dolor, con la incertidumbre de qué iba a pasar, sin fuerzas para pararme siquiera. 
Soporté el dolor intenso por horas, totalmente sola. Sin ningún tipo de acompañamiento o asistencia. Se hicieron las 4.30 am y ahí comenzó lo peor.

Sentía que mi cuerpo quería expulsar algo, estaba por parir, estaba pariendo. Comencé a gritar con todas mis fuerzas para que alguien venga a asistirme, mi bebé ya quería salir y yo no sabía que hacer. 
Llegaron las enfermeras, como pude les dije que me estaba por salir algo, que me ayuden por favor. Sabían que yo era primeriza, no sabía como hacer, no sabía como pujar. Ellas me miraron, me pusieron una chata debajo y sólo me dijeron “hace fuerza”, cerraron la puerta y se fueron. Dejándome parar completamente sola. Grité, supliqué que alguien por favor me ayudé. Nadie apareció, nunca.

Tuve al bebé yo sola, sentí como salía entre mis piernas. Mi bebé no fue recibido por las manos de nadie, en cambio, sentí como cayó en la pala de plástico. Como si no fuese nada, como si no importara.

Luego de parir, aparecen dos enfermeras y el doctor ; yo con mi bebé entre las piernas, sin saber que hacer. El doctor me mira y me dice: “Bueno, tu bebito está muerto”, sin ninguna delicadeza, como si nada. Yo estaba en shock, me temblaban las piernas, no podía hablar ni pensar. Las enfermeras y el doctor en mi misma habitación conversaban entre ellos, como si yo no existiese, sin contemplar mi sufrimiento, ni mi situación. 

Seguidamente, el doctor me preguntó si lo quería ver y le dije que no. Me dijo “era varoncito, preciosa”, reiteradas veces me aclaró que mi bebé estaba muerto y me volvía a preguntar si lo quería ver, “era varoncito ¿Sabías? ¿No queres verlo?”. 

Después de toda esta situación horrible que tuve que pasar, las enfermeras “limpiaron” un poco la cama llena de sangre y me hicieron dormir ahí mismo, con las sábanas salpicadas. Me quedé sola de nuevo, siempre sola. Sin saber que hacer, no sabía nada de mi familia, de mi pareja, no sabía si alguien tenía alguna información de mí. Con las pocas fuerzas que tenía y con un dolor inmenso, le envié un mensaje a mi pareja contándole que habíamos perdido a nuestro bebé y eso fue lo único que pude hacer.

Me quedé llorando sola mucho tiempo, hasta que me dormí. El doctor y algunas enfermeras se encargaron de que este momento tan horrible y triste para mí, fuese insoportable. Viví un infierno. Se burlaron de mí, me despreciaron, me dejaron pariendo sola, no recibieron a mi bebé. Vulneraron mis derechos, no sólo como mujer sino como ser humano. La salud es un derecho al que todos debemos tener acceso y se debe brindar de manera adecuada, sin distinción de género o clase social ¿Dónde quedó el tacto para tratar a un ser humano que está atravesando la situación más difícil de su vida? ¿Dónde quedó la empatía de una mujer hacia otra, en un momento tan duro como lo es parir un bebé, que, además, de antemano nacería prematuro y los resultados serían negativos? No puedo comprender, como seres humanos, que trabajan con la salud de las personas, puedan tener un trato tan despreciable hacia otro ser humano. ¿Por qué tiene que ser así? Somos personas, nos merecemos el mismo respeto y trato sin importar nuestra accesibilidad económica, visibilicemos la violencia que se ejerce en un hospital, el destrato y maltrato, no podemos dejar que nos traten así, la salud es un derecho.

Hoy, nadie me saca la incertidumbre de saber si yo podría haber continuado mi embarazo con normalidad si estos profesionales hacían su trabajo como corresponde, si yo podría haber continuado mi embarazo con normalidad. Pero si por lo menos hubiesen tenido más tacto conmigo, yo no tendría que estar contando este infierno que tuve que pasar.”

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Las autoridades del hospital Francisco López Lima, ya comenzaron con la investigación del caso. 

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